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Capacidad auditiva.

Nuestra capacidad auditiva es muy importante, ya que gracias a ella podemos orientarnos, percibir el habla, sonidos o música. Cuidar nuestra audición procurando no exponernos a volúmenes demasiado altos, o previniendo el riesgo de infecciones entre otros factores, significa cuidar también nuestra salud auditiva. Una buena salud auditiva implica el buen funcionamiento de todas las partes que componen el oído: oído externo, oído medio y oído interno. Estas tres partes funcionan conjuntamente para captar sonidos y transmitírselos al cerebro. Pero si alguna de ellas resulta dañada, podemos sufrir pérdidas auditivas importantes. La pérdida auditiva puede ser de tres tipos: conductiva, neurosensorial y mixta.

Pérdidas de audición

La pérdida de audición suele suceder con el paso del tiempo, pero también puede afectar a personas de cualquier edad y por diversos motivos. La exposición prolongada a una fuente sonora puede tener consecuencias que afecten a la audición. Esto puede suceder cuando se escucha con frecuencia música a un volumen elevado, en el caso de profesionales que trabajen en entornos laborales muy ruidosos como fábricas u obras, o personas que practiquen deportes que supongan riesgos para el oído, por poner algunos ejemplos. También puede estar causada por infecciones o factores hereditarios.

Existen diferentes tipos de pérdidas de audición: pérdida conductiva, pérdida neurosensorial y pérdida mixta. La pérdida conductiva es la consecuencia de bloqueos en el oído externo y medio que afectan a las vías de conducción del sonido hacia el oído interno. Normalmente perjudica a todas las frecuencias del oído de forma uniforme y puede ser causada por traumatismos del pabellón auricular, Otohematoma y otoseroma, Pericondritis crónica del diabético, afecciones virales, tumores, traumatismos del conducto auditivo externo u otitis externas. Las pérdidas conductivas son reversibles y se pueden tratar mediante audífonos o cirugía.

La pérdida neurosensorial es el resultado de alteraciones en el oído interno, en el nervio auditivo o en los núcleos auditivos del tronco cerebral. Se produce cuando las células ciliadas de la coclea están dañadas o ausentes. Es un trastorno muy común que afecta al 5% de los mayores de 45 años y a más del 60% de los mayores de 70. El hecho de que tenga una aparición insidiosa, acompañada frecuentemente de sutiles estrategias compensatorias, provoca la detección tardía, tanto por el médico como por el paciente. Causa dificultades para discernir la voz del ruido, para captar los sonidos agudos, y un aumento de la necesidad de pedir que repitan las cosas.

Las pérdidas neurosensoriales son irreversibles pero el uso de audífonos puede mitigarlas. La pérdida mixta se da cuando se producen pérdidas auditivas de los dos tipos. Se puede tratar mediante audífonos o cirugía.

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Problemas auditivos.

Es importante detectar cuando se está produciendo una pérdida de audición. A veces sucede de manera gradual como en el caso de la presbiacusia, que aparece con la edad. Las células encargadas de traducir las vibraciones de sonido en señales cerebrales quedan dañadas o bien mueren, y por tanto se produce la pérdida de audición. Esto también sucede si de manera frecuente, por motivos laborales u otros factores, el oído ha estado expuesto de manera prolongada a ruidos muy fuertes o a volúmenes más altos de lo normal. Otro problema común es el exceso de cerumen, que puede provocar un tapón de cera que impida una audición normal. También en el caso de acumular mucha mucosidad se puede producir un efecto de oídos tapados. Otros problemas de audición pueden darse debido a infecciones en el uso continuado de fármacos o acumulación de fluidos. Por otra parte, en ocasiones se puede producir lo que se llama una pérdida auditiva fluctuante, debido a problemas de tipo nervioso como ansiedad, deshidratación, cambios en la presión arterial o problemas cardiovasculares.

Otras enfermedades que pueden tener como resultado alteraciones en la audición son la Otitis Media y la otitis Media supurativa, o enfermedades como la Otosclerosis y el síndrome de Usher. La audición también puede verse alterada por la enfermedad de Meniére, el Tinnitus, los tumores acústicos o los traumas acústicos. En el caso de los tumores acústicos la cirugía es el único tratamiento posible. Realizar las pruebas de audición y audiometrías correspondientes es básico para detectar este tipo de tumor, además de realizar pruebas de equilibrio, resonancias magnéticas y escáner.

El síndrome de Usher es una enfermedad poco común hereditaria que causa sordera o hipoacusia desde el nacimiento, deterioro de la visión y del equilibrio. Este síndrome provoca sordera total, pérdida de equilibrio y problemas de visión en el tipo 1, aunque en el tipo 2 la pérdida de audición es parcial, por lo que el uso de audífonos es una gran ayuda. Los traumas acústicos también producen daños y lesiones agudas o crónicas en el oído interno. La pérdida de audición se produce en estos casos debido a la escucha de uno o varios sonidos producidos de manera intensa y repentina, como puede ser un disparo o una explosión, o bien ruidos fuertes y prolongados en lugares con contaminación acústica, como el ruido del tráfico, lugares con obras, o maquinaria muy ruidosa. En este caso a menudo los tímpanos resultan dañados, provocando pérdidas de audición de tipo conductivo. En ocasiones también se producen pérdidas de audición de carácter temporal como consecuencia de haber permanecido un tiempo determinado en un espacio con mucho ruido o a un nivel muy alto, como recintos donde se celebren conciertos, discotecas o entornos laborales muy ruidosos o en los que se trabaja con maquinaria. Este tipo de alteración suele ser temporal y al cabo de un tiempo desaparece.

Es importante tratar los problemas de audición mediante tratamientos que incluyan el uso de audífonos, medicina, cirugía o implantes cocleares, además de una buena prevención y la realización de audiometrías para valorar la salud del conducto auditivo. En el caso de los niños es especialmente importante la detección precoz de cualquier posible problema para que éste afecte lo menos posible en su crecimiento y desarrollo normal en un futuro, realizando un test auditivo o bien una audiometría para descartar problemas en el aparato auditivo, aunque es frecuente que los niños experimenten pérdidas de audición temporales, que normalmente se deben a resfriados, acumulación de cerumen o por Otitis media. En estos casos es conveniente tratarlo de manera rápida y adecuada para que no tenga consecuencias graves. En otros casos la hipoacusia puede deberse a factores genéticos, meningitis, medicamentos u otras causas. La pérdida de audición permanente en niños varía según se haya producido desde el momento del nacimiento o más tarde, ya que algunos niños nacen con esta pérdida debido a problemas durante el parto, infecciones durante el embarazo o algún defecto genético que ya esté presente en el nacimiento pero que puede aparecer después.